Canelo vs. Scull: 80 millones, cero emoción y un rival que huyó del combate

Ciudad de México – 4 de mayo de 2025.

Anoche, el campeón mexicano Saúl “Canelo” Álvarez volvió a hacer historia al retener todos los cinturones del peso supermediano, reafirmándose como el campeón indiscutido de la categoría. Sin embargo, lo que debería haber sido una noche de gloria y espectáculo se convirtió en un evento criticado por millones: aburrido, monótono y carente de emoción.

Canelo ganó. Ganó de manera clara, sin discusión, y se llevó a casa una bolsa estimada de 80 millones de dólares. Pero no fue una victoria celebrada como otras. ¿La razón? El rival. William Scull, el cubano invicto que prometía guerra… decidió correr.

Desde el primer campanazo quedó claro el guión de la noche: Canelo avanzando, presionando, atacando al cuerpo con su estilo frontal, y Scull retrocediendo, esquivando, sobreviviendo. Durante 12 asaltos, el mexicano fue en busca de la pelea, mientras su oponente bailaba alrededor del cuadrilátero como si su único objetivo fuera no ser noqueado.

El público, ansioso de acción, pronto comenzó a inquietarse. El combate se convirtió en una repetición constante: Canelo lanza, Scull se mueve. Canelo busca el intercambio, Scull desaparece. Fue una clase de boxeo evasivo sin propuesta ofensiva, una actuación que recordó a los días más frustrantes del Floyd Mayweather más defensivo, con una diferencia: Floyd sí golpeaba. Floyd sí contragolpeaba. Floyd ganaba por arte, no por evasión.

William Scull, en cambio, parecía conforme simplemente con llegar al final en pie. Como si su gran logro fuese resistir. Su cardio fue admirable, sí, y su esquiva bien entrenada. Pero un boxeador no puede ganar, ni siquiera convencer, si no golpea, si no pelea. Boxear no es sólo moverse. Es atreverse. Es responder. Es atacar.

Al final, el rostro de Canelo decía más que cualquier declaración. No estaba satisfecho. No porque no hubiera ganado, sino porque no le dieron pelea. En los últimos segundos del combate incluso le recriminó a Scull, con frustración visible, que “se animara a pelear”. Pero no hubo respuesta. Scull no quiso riesgos. No quiso guerra.

La crítica no se hizo esperar. A pesar del dominio absoluto de Canelo en las tarjetas, y su imponente figura como campeón absoluto, muchos se preguntan: ¿vale la pena pagar millones por un evento sin emoción? ¿Dónde quedó la pasión del boxeo mexicano que enamora al mundo?

Canelo hizo su parte. Como él mismo ha dicho en otras ocasiones: “Si no quieren pelear, yo no puedo pelear solo.” Tiró al cuerpo, buscó acortar la distancia, trató de provocar al cubano con ataques constantes. Pero el combate no es de uno solo.

Y es que en el boxeo, como en el tango, se necesitan dos. Canelo fue con todo. Pero Scull no bailó, no atacó, no arriesgó. Solo se mantuvo entero. ¿Estrategia inteligente o cobarde? Eso lo juzgará el tiempo… pero el público ya habló.

Con esta victoria, Canelo unifica nuevamente los cinturones y abre la puerta a un 2025 cargado de expectativas. Las negociaciones para enfrentar al campeón estadounidense Terence Crawford podrían iniciar en breve, y eso sí sería un combate que levante pasiones. Un duelo entre dos boxeadores de verdad, con hambre, con propuesta.

Porque lo que vimos anoche no fue un combate. Fue una persecución. Un monólogo. Un evento sin clímax.

La historia recordará el resultado: Canelo sigue siendo el rey. Pero los aficionados recordarán también que, esa noche, el rival no quiso ser rival. Que William Scull se conformó con no caer… y que el boxeo perdió algo de su magia.

¿Culpable Canelo? No. Como dijo un fan en redes sociales: “Si compras fuegos artificiales y llueve, no es culpa del fuego.” Canelo prendió la mecha, pero Scull apagó el espectáculo.

El ring se quedó con hambre. Nosotros también.